jueves, 23 de septiembre de 2010

Templo de Philae y llegada a El Cairo.

Eran las 9 de la mañana y por fin habíamos descansado una larga noche tras la intensa jornada previa en Abu Simbel, el paseo en faluca y la visita al Pueblo Nubio.
Comenzamos la excursión, previa negociación con el gerente del barco para poder abandonar las habitaciones tras la comida en lugar de antes de las 12. De este modo, al volver podiamos tomar una ducha y cambiarnos de ropa porque el calor seguía siendo insoportable también durante esta etapa del viaje.


Así nos dirijimos a tomar una pequeña barcaza que nos llevó hasta el templo de Philae, un templo de origen romano localizado en una isla en el río Nilo. Un lugar encantador con unas vistas bellísimas.


Otras dos excursiones disponibles esa mañana, que realizaron nuestras compañeras argentinas y que tanto la agencia en España como posteriormente ellas nos desaconsejaron; eran las de la presa de Asuán y el obelisco inacabado.
Posteriormente, ducha, comida y traslado al aeropuerto de Asuán (tras innumerables peticiones de propinas desde la salida del barco hasta el embarque en el avión por todo aquél que podía en algún momento tocar tu maleta, mirarla o apartarse para que la llevaras tú).
Tras un breve vuelo (unas dos horas aproximadamente) aterrizamos en el aeropuerto de El Cairo, un moderno aeropuerto en una cultura atrasada. Valgo el ejemplo de que por estar en época de ramadán todas las tiendas en las que podrías haber comprado tabaco o alcohol se encontraban cerradas.


Así, tomamos una pequeña camioneta (a estas alturas del viaje ya sólo eramos Cristina, Raquel, Jesús y yo) que nos trasladó a nuestro hotel el lujoso Mena House Oberai, situado a los mismos pies de las pirámides de Giza y calificado de 5 estrellas (de la máxima categoría dentro de las 5 estrellas, porque en Egipto esta categoría esta subdividida en otras muchas más). Durante el trayecto desde el aeropuerto al hotel pudimos comprobar el caos en el modo de conducir en este país, pudiendo ver desde un niño agarrado al exterior de un vehículo hasta cambios de dirección o circular marcha atrás en mitad de la autovía.


Tras dejar el equipaje en las habitaciones, una cerveza en el jardín del hotel, cena en un restaurante enfrente del hotel (al parecer uno de los mejores de El Cairo, aunque en Egipto los restaurantes fuera de los principales hoteles dejan bastante que desear). Dicha cena a base de pescado y productos típicos egipcios, con abundante picante. Como he dicho en el anterior relato a partir de este momento ya no fuimos capaces de controlar las comidas en el viaje, ya que todas eran en restaurantes locales donde la calidad con respecto a los buffet del crucero era abismal. Y así, poco a poco todos (unos antes que otros) sufrimos “la venganza del faraón”.


Después de cenar acompañados por el guía (que como la mayoría de los guías en Egipto eran arrogantes y con novia fuera del país, aunque cuando comenzabas a indagar su historia de amante internacional se caía por su propio peso) y tras cruzar una calle (toda una odisea en este país por el caos circulatorio) ayudados por un lugareño con posterior petición de propina; nos dirigimos a un café (o como se quiera llamar) cercano para tomar unas bebidas y fumar una shisha. Y así, de vuelta al hotel para descansar y preparar la excursión del día siguiente a las pirámides de Giza.



Ver Asuan. en un mapa más grande

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