Salimos de nuestro majestuoso hotel, el Mena House Oberai en dirección a la entrada al conjunto de las pirámides. En realidad el trayecto fue insignificante, ya que el hotel está junto a dicha entrada. Una vez en la entrada hay que sacar las entradas por ti mismo en las taquillas de acceso ya que las agencias de viajes no suelen poder obtenerlas. Estas entradas son para acceder al interior de las pirámides y lo aconsejable en estos casos es la entrada a la segunda pirámide, que aunque no es la más grande (la diferencia entre una y otra es mínima e incluso en algunas fotos puedes confundirlas debido a la diferencia de altura a la que se hayan construidas) es en la que menos cola tienes que hacer para retirar las taquillas. Por cierto, la tercera pirámide, bastante más pequeña en comparación a las otras dos, no tiene permitido el acceso.
Tras obtener las entradas, nuestra guia de hoy y de la siguiente jornada (increíblemente mujer porque en este país no suelen tener trabajos de cara al público ni que tengan que pasar la noche fuera de casa) nos llevó primeramente a una explanada desde donde pudimos ver y tomar con tranquilidad fotografías antes de que llegaran el resto de turistas.
Tras estas fotografías que siempre habíamos deseado tener pusimos rumbo a los pies de las pirámides, donde tuvimos la oportunidad de tomar más fotografías para el recuerdo y esperar la cola para entrar al interior de la pirámide de Kefren. Una cola, por cierto, infinitamente menor a la de Keops. Lo cual fue de agradecer porque el sol, aunque no tan sofocante como en el sur, comenzaba a calentar el ambiente.
Así, tras dejar las cámaras de fotos en la camioneta, ya que no se pueden tomar fotografías en el interior de las pirámides (realmente no hay nada interesante que fotografiar) aunque de nuevo nuestro móvil hizo las funciones de cámara fotográfica. La entrada es un túnel vertical con travesaños de madera que funcionan como escalera y escasamente permite el paso de una persona a la ida y otra a la vuelta. La experiencia es indescriptible, entrando a las entrañas de una pirámide, una construcción milenaria que aún se conserva en pie. La estancia no es muy larga, algunas personas se piensan entrar o no porque lo único que ves a la entrada es oscuridad y pequeñas lucecitas en las paredes, pero es sofocante, impactante e irrepetible.
Tras volver a la superficie es como salir de una sauna porque literalmente estás empapado en sudor y buscas con ansiedad a los vendedores de alrededor con botellas de agua fría.
Después de reponernos, nos dirigimos hacia la esfinge, otra maravilla arquitectónica que merecía nuevas fotografías.
Una vez dejado el complejo de Giza, previo paso por la fábrica nacional de papiros (donde nos enseñaron el método de fabricación del papiro y pudimos tomar un pequeño refrigerio) nos dirigimos a la pirámide escalonada de Shakkara (o de Zoser, el faraón al cual está dedicado el complejo funerario que se encuentra junto a ella y que como podeis ver en las fotografías es espectacular), una original y especial pirámide, ya que a parte de su forma que nos recuerda a una escalera, es la primera pirámide construida en Egipto y guarda en su estructura las huellas del avance en el método de edificación.
Posteriormente, tras visitar otras pirámides menos conocidas, nos dirigimos a Menphis, la antigua capital del imperio egipcio, donde se encuentran numerosos restos arqueológicos. Es una especie de museo al aire libre situada a 25 kilómetros al sur de El Cairo, en la ribera occidental. Durante el trayecto hasta el museo puedes observar los arrabales de la ciudad, donde la suciedad se acumula en los canales secundarios del río Nilo.
Por fin, tras terminar la visita a Menphis llegó la hora de la comida en un restaurante típico en la ribera del río. (Una nueva oportunidad para que “la venganza del faraón” nos afectara). De ahí, al hotel a descansar y tomarnos un baño en la piscina, disfrutando de las vistas de las pirámides que estaban tras nosotros.
Pero la jornada aún no había terminado. Por la noche, cena en uno de los múltiples barcos restaurantes que navegan por el río Nilo, con espectáculo de danza del vientre incluido. Esta cena tuvimos que contratarla una vez en El Cairo a través del guía, aunque también se puede hacer por teléfono o intentando acercarte a uno de los barcos si aún tienen mesas libres. Tras la cena, una shisha en un típico café del centro de la ciudad y de vuelta al hotel para descansar tras el agotador día.




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