Luxor, primera parte.
Eran las 5 de la mañana y sonó el despertador. Teníamos que levantarnos para la primera excursión de nuestro viaje en Egipto, aunque estabamos realmente cansados porque únicamente habiamos dormido 3 horas la pasada noche (nuestra cena seguida de numerosas cervezas en la cubierta de la barcaza se había prolongado hasta altas horas de la madrugada).
Eran las 5 de la mañana y sonó el despertador. Teníamos que levantarnos para la primera excursión de nuestro viaje en Egipto, aunque estabamos realmente cansados porque únicamente habiamos dormido 3 horas la pasada noche (nuestra cena seguida de numerosas cervezas en la cubierta de la barcaza se había prolongado hasta altas horas de la madrugada).
Como decía, sonó el despertador y nos tocaba una ducha rápida, enfundarnos con una bermuda y una camiseta cortas, un rápido desayuno en el buffet del barco y salida en la furgoneta en dirección a los numerosos monumentos que rodean la ciudad de Luxor. Y así comenzamos oficialmente el viaje mis cuñados Jesús y Raquel, mi mujer Cristina y yo, David.
Primera parada, los colosos de Memnón (en árabe Al-Colossat o Es-Salamat), dos gigantescas estatuas de piedra que representan al faraón Amenhotep III situadas en la ribera occidental del Nilo, frente a la ciudad egipcia de Luxor, cerca de Medinet Habu y al sur de las grandes necrópolis Tebanas.
A pesar del gran madrugón, agradecimos en ésta y en las siguientes visitas que nuestra agencia de viajes, Faraona tours, tuviera como preferencia el llegar más temprano que el resto de visitantes, lo cual nos permitió la tranquilidad de tomar fotografías de una forma relajada y evitar el bullicio que veíamos formarse al marcharnos nosotros y comenzar a llenarse de turistas ávidos por conseguir la mejor ubicación.
Siguiente parada, el gran templo de Medinet Habu, un claro ejemplo de arquitectura egipcia, con unos frisos y unas pinturas perfectamente conservadas, ayudado en parte al terrible y caluroso clima del desierto, el cual ya se comenzaba a sentir en nuestros cuerpos ya que apenas eran las 7 de la mañana y el sol lucía majestuosa y amenazadoramente en lo alto, “invitandonos” a hacer acopio de botellas de agua en la entrada al templo, evitar el contacto directo con el astro rey y utilizar como refugio nuestra furgoneta (que dicho sea de paso, era una isla a 15ºC en mitad del desierto).
Dicho templo funerario fue construido por Ramsés III, faraón de la dinastía XX. Diseñado siguiendo los cánones clásicos, a semejanza del Ramesseum, tiene unos ciento cincuenta metros de longitud, y se encuentra bastante bien conservado. En el interior del recinto, al sur, están las capillas de Amenirdis I, Shepenupet II y Nitocris I, las cuales tenían el título de Divinas Adoratrices de Amón durante la dinastía XXV. El conjunto se hallaba protegido por un muro de adobes, disponiendo la entrada del recinto una singular torre.
Y en este templo tuvimos el primer contacto con la “política” de propinas seguidas en este país: pedir por todo lo que hagan, ayuden u obren. Así, la propina oficial pedida era “un euro”, que era solicitada por, desde hacerse una foto vestidos con unos andrajosos trapos de época hasta enseñarte un grabado en la piedra que supuestamente no había visto nadie más.
Y así, tras dejar algún euro atrás, sobre todo por parte de unos más que por otros, partimos en dirección a nuestra siguiente parada, el templo de Hatshepsut, un impresionante resto arqueológico del antiguo Egipto excavado en la roca. El Templo funerario de Hatshepsut tiene una serie de terrazas columnadas, con largas rampas que seguramente fueron embellecidas con jardines. Esta construido junto a una empinada montaña y en gran parte se considera como uno de los "monumentos incomparables del Antiguo Egipto.
Un lugar fascinante que impresiona al viajero nada más llegar a pesar de haberlo visto previamente en innumerables fotografías. A los pies de dicho monumento se llega tras tomar un pequeño convoy turístico que te traslada desde la entrada al recinto. Este pequeño trayecto te permite observar una panorámica del valle en el que se encuentran hubicados los restos del templo de Hatshepsut. Y también te permite observar las garitas militares de vigilancia porque no olvidemos que hace pocos años éste lugar saltó trágicamente a las portadas de todos los noticiarios por el ataque terrorista que aquí se perpetró y en el que perdieron la vida numerosos turistas alemanes. En fin, prosigamos con el relato del viaje. Tras las explicaciones y fotografías de rigor, unos minutos libres para visitar este monumento con más tranquilidad y también con más calor a pesar de ser solamente las 9 de la mañana. Después de esto, comenzamos el camino de regreso a nuestra furgoneta, previo paso por un pequeño zoco de vendedores egipcios, donde pudimos tener el primero de muchos futuros “contactos” con el prototipo de vendedor en éste país. Y dicho prototipo es el de un tipo que te sigue y te persigue sin descanso ofreciéndote todo aquel producto que simplemente hayas mirado, tocado o imaginado; rebajando el precio hasta unas cantidades irrisorias con respecto al inicial. Tanto que imaginas que alguien haya podido pagar la oferta inicial y sí, te dan ganas de reír a carcajadas. Y cuando el siguiente vendedor te pide una determinada cantidad por un determinado objeto, una sonrisa aparece en tu cara y el desconcierto aparece porque ya no sabes qué valor real es el que deberías pagar. Todo esto es debido a que en Egipto, como en el resto de países árabes, el regatear a la hora de comprar un producto es su deporte nacional; algo que en occidente no estamos demasiado acostumbrados y os puedo asegurar acaba agotándote cuando terminas incluso regateando el precio de una botella de agua.
En el siguiente capítulo, el valle de los Reyes, los templos de Karnak y Luxor y como no morir a pleno sol a la 1 del mediodía.
Ver Luxor. en un mapa más grande



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