miércoles, 15 de septiembre de 2010

Abu Simbel.

Eran las 3 y media de la madrugada y sonó el despertador. Comenzaba otra nueva y dura jornada de excursiones en Egipto. El día anterior llegamos a Asuán y hoy teníamos por delante un día excitante. Esta mañana debíamos visitar el majestuoso complejo de Abu Simbel, formado por dos templos excavados en la roca que tuvieron que ser movilizados pieza por pieza de su emplazamiento original para evitar acabar bajo las aguas del lago Nasser. Para más información.


De este modo comenzamos el viaje de más de tres horas por carretera (carretera en mitad del desierto) que obviamente aprovechamos para dormir. Tienes 2 opciones para llegar, el avión, que te encarece el precio del viaje y pierdes bastante tiempo entre los paseos por los aeropuertos y la otra opción que mayoritariamente elige todo el mundo es por la carretera del desierto. Un viaje en mitad de la nada, donde sólo ves arena, dunas y debes ir escoltado por la policía para evitar ataques o sufrir un accidente y que nunca te encuentren. Pero en el fondo merece la pena esta segunda opción. En este recorrido comenzamos a descubrir la “maravillosa” forma de conducir a la que están acostumbrados en ese país, ya que podíamos ver en una carretera de dos carriles como iban 3 vehículos en el mismo sentido ocupando totalmente el ancho de la calzada, realizando cambios bruscos de dirección y frenazos que te ponían los pelos de punta.


Nada más llegar, desayuno tipo picnic, visita al baño (como en el resto del viaje, era importantísimo saber donde podía estar el más cercano) aunque en esta ocasión aún no todos habíamos sido afectados por el “mal del  faraón”, estiramiento de piernas y preparados para la visita.



Así llegamos al recinto de entrada de Abu Simbel y otra vez más, la experiencia de nuestro guía nos permitió llegar antes que el resto de visitantes a tomar posición desde una panorámica excelente del complejo monumental, ya que en lugar de la ruta tradicional de acceso, nos llevó rodeando el monumento por su izquierda, un recorrido un poco más largo pero menos transitado.
La primera imagen que tienes es espectacular, indescriptible a pesar de haberlo visto en innumerables ocasiones en fotografías, televisión o cualquier otro medio. Aquellos dos colosales templos te maravillan con solo admirarlos y aún más viendo su emplazamiento junto al lago Nasser.
Fotos de rigor y visita al interior donde no está permitido tomar fotografías pero siempre hay solución si dispones de un buen zoom, ya que puedes tomarlas desde la puerta de entrada junto al vigilante (sí, es estúpido pero esas son sus normas).


Tras un descanso y avituallamiento de líquidos (aquí es el único lugar en donde no regatean el precio de bebidas ni de otro tipo de artículos, ya que están en mitad del desierto y no tienes más remedio que comprar en sus tiendas. Es curioso.), retomamos el camino de vuelta a nuestro barco para comer y prepararnos para las excursiones de la tarde: el paseo en faluca y la visita al pueblo nubio.



Ver Asuan. en un mapa más grande

No hay comentarios:

Publicar un comentario