Luxor, capítulo 2.
Hablaba en el capítulo anterior de nuestra visita a los gigantes de Memmon, el templo de Medinet Habu y el templo de Hatshepsut. Después de éstas visitas, el sol lucía ya majestuosamente en lo alto del brillante y despejado cielo de Luxor, en el que cualquier atisbo de encontrar una nube era algo impensable. De hecho, según nuestro guía de Faraona tours, la media anual de lluvias en ésta localidad era de 3 días.
Así, proseguímos nuestro viaje en dirección al majestuoso Valle de los Reyes, un conjunto arquitectónico formado por las tumbas excavadas en las montañas de varías dinastías de faraones. Un lugar ubicado entre montañas agrestes, desérticas, en las que ningún refugio contra el sol se vislumbra. Para acceder a dichas tumbas, nuestro guía nos informó de una terrible noticia: el gobierno egipcio había prohibido pocos meses atrás la entrada de todo tipo de cámaras al recinto debido a la proliferación de turistas y vigilantes del lugar sin escrúpulos que por un módico precio te permitían entrar y hacer cuantas fotografías desearas en tumbas no abiertas al público en general por encontrarse en fase de excavación o por peligrar su conservación.
Así que tuvimos que hacer de tripas corazón y dejar nuestra cámara Nikon D90 en la furgoneta y comenzar la visita (aunque claro, como más adelante veremos, el móvil puede ser de gran ayuda en momentos como éste).
Tras esta visita, tomamos un pequeño barquito que nos trasladó de un lado al otro del río Nilo para visitar nuestro siguiente destino, los templos de Luxor y Karnak.
Los templos de Luxor y Karnak un conjunto arquitectónico que han protagonizado varias épocas a lo largo de la historia del antiguo Egipto. Cada mandatario, durante varias dinastias, construía su pequeño templo en una zona a orillas del Nilo.
Hoy en día se considera el conjunto monumental más grande y se denominan "los templos de Karnak".
En este conjunto arquitectónico puedes encontrar un conglomerado de capillas y salas columnadas, destacando el obelisco erecto, el más alto del país si no consideramos el obelisco inacabado encontrado en las canteras de granito rosa de Aswan. De este modo, en este conjunto de templos podemos encontrar la esencia de la historia de Egipto, por lo que es importantísimo en este punto prestar atención a las explicaciones del guía.
Como anécdota podeis ver también junto a un lago del conjunto arquitectónico el escarabajo de piedra, simbolo y dios del amanecer, y dadle tres vueltas alrededor. Da suerte, según los egipcios. Aquí podeis ver una foto.
Y cuando eran casi la una del mediodía, nuestras fuerzas estaban bajo mínimos y creíamos que ya acababa la visita a alguien del grupo que ahora no recuerdo bien pero yo no era; se le ocurrió recordar a nuestro guía un comentario que había hecho a primera hora de la mañana acerca de una sala especial que había en uno de los rincones de la zona del templo de Luxor en la que se encontraba una esfigie de una antigua diosa egipcia de color negro. Así que comenzamos una travesía de unos 15 minutos bajo el sol abrasador (unos 15 minutos que se hicieron eternos) y caminando sobre un camino de tierra del desierto para llegar a esta sala.En dicha sala es de uso común la realización de rituales de magia de todo tipo y según el guía se respira un ambiente especial al entrar en ella. Tengo que decir que ninguno de los del grupo sufrió ningún tipo de experiencia paranormal en ese momento. Me imagino que para ello sería necesario una preparación exotérica previa y algún tipo de brebaje y/o fumar alguna shisa especial. Para visitarla es preceptivo que evidentemente el guía conozca la zona y claro está, dar una generosa propina a los guardianes de la puerta que da acceso a dicha sala.
Por cierto, a estas alturas del viaje nuestro grupo ya estaba compuesto por 7 personas, ya que se nos habían unido 2 chicas argentinas (Agustina y Ana, dos hermanas) y Juan, de Madrid. Así, que tras “ver” la sala (realmente la oscuridad era prácticamente total y lo que mejor pudimos ver fue gracias a las numerosas fotografías tomadas con flash) por fin pusimos rumbo a nuestro acogedor barco crucero donde pudimos tomar varias refrescantes cervezas “Estela” (el único lugar posible, ya que nos encontrabamos en época de Ramadán), ducharnos, y dormir una generosa siesta tras comer con tranquilidad en el buffet del barco. Eso sí, en el tema culinario la selección es importantísima, evitando verduras frescas, frutas sin pelar y elijiendo preferentemente carnes bien cocinadas y pasta cocida. Porque de lo contrario “la venganza del faraón” llegará sobre vosotros. Aunque eso será tratado en futuros capítulos.
Tras la siesta pudimos disfrutar de la piscina y ver las compuertas de las esclusas que hay en el recorrido desde Luxor hasta nuestro siguiente destino: Edfú. Durante el paso de estas esclusas es típico la venta de todo tipo de ropajes por parte de vendedores egipcios que acuden a ti en pequeñas barcas de remos que rodean a los barcos repletos de turistas. Una imagen curiosa. Así, tras pasar dichas compuertas pusimos rumbo a Edfú, pudiendo contemplar fascinantes imágenes de los habitantes y fauna a lo largo de la ribera del Nilo.
Esa noche, tras la correspondiente cena decidimos hacer una pequeña visita turística al pequeño pueblo de Edfú, evidentemente únicamente por la calle principal paralela a la multitud de barcos que se encontraban amarrados. Tras el pertinente acoso de “niños vendedores” tomamos asiento en uno de los bares (podría decirse) y saboreamos una magnífica y refrescante bebida, el karkade, que ya habíamos tenido oportunidad de probar la noche en que llegamos a nuestro barco hotel. Todo ésto acompañado de una shisha.
Ver Luxor. en un mapa más grande















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