Eran las 3 y media de la tarde y ya habíamos descansado por un pequeño espacio de tiempo tras haber pasado una mañana excitante en Edfú, una típica ciudad egipcia. Ahora el barco había llegado a nuestro próximo destino, el pequeño pueblo de Kom ombo, donde se encuentra un majestuoso templo.
Entre otros detalles se pueden observar un cubículo donde los antiguos sacerdotes se escondían para emitir voces que imitaran a supuestos dioses y un medidor (nilometro) de las aguas del río Nilo, con el cual los faraones fijaban los impuestos en cada año ya que relacionaban la mayor o menor crecida del río Nilo con la posibilidad de tener mayores cosechas.
Nada más salir del barco (temperatura aproximada 18-20 ºC), el calor del infierno nos golpeó brutalmente (temperatura aproximada 45ºC) y tras una corta pero angustiosa travesía a pié llegamos al templo. Allí, los lugares en los que podias encontrar una sombra eran escasos y muy codiciados. Gracias (y es un consejo a seguir), que llevabamos paraguas para protegernos del sol, porque cuando tenías la desgracia de estar unos segundos soportando directamente los rayos solares, parecía que estabas siendo cocinado en una barbacoa.
Nuevas fotos, un pequeño refrigerio en una terraza que nos recomendó el guía junto al templo y regreso al barco, pasando por una especie de zoco improvisado en la orilla del río Nilo donde multitud de vendedores de todas las edades te "atrapaban" cada vez que te interesabas por alguno de los numerosos objetos de artesanía y textiles que estaban a la venta. Así, conseguimos llegar a nuestro barco para preparar nuestra primera fiesta en Egipto, ambientada en estilo árabe. Aunque ésto será objeto del siguiente capítulo.
Ver Kom ombo. en un mapa más grande






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